Una solución puede estar respaldada por evidencia y perfectamente traducida, pero eso no garantiza que producirá el mismo resultado en otro lugar. Desde su equipo en América Latina, Busara propone entender la contextualización como una capacidad estratégica, no como una adaptación final.
En política pública y desarrollo internacional, escalar depende de una promesa razonable: si una solución funcionó en un lugar, deberíamos poder aprender de ella y utilizarla en otro.
Sin esa posibilidad, cada organización tendría que empezar desde cero. No habría acumulación de conocimiento, aprendizaje entre países ni caminos rápidos para responder a problemas urgentes.
Lo que hay que recordar al traducir soluciones es que la evidencia generada debe considerar el contexto en el que se generó, y debe ser relevante.
El resultado de una intervención depende de muchas variables; por ejemplo, cómo reacciona la gente ante ella, los incentivos que ofrece, cómo la perciben las instituciones y las condiciones materiales que la rodean, por mencionar algunas. Cuando alguna de estas condiciones cambia, el resultado también puede cambiar.
Por eso, la pregunta estratégica no es solamente: “¿Cómo implementamos una solución que funcionó en otro lugar?”
La pregunta más importante es: “¿Qué tendría que ser cierto para que esta solución funcionara aquí?”
El contexto no rodea al mecanismo: forma parte de él
Pensemos en un recordatorio que aumenta la asistencia a citas médicas. Es tentador concluir que el mensaje fue lo que generó un cambio. Pero hay muchos otros factores que influyen: olvidar una cita puede que sea realmente la principal barrera, pero las personas también deben poder adaptarlo a sus horarios, debe ser factible contar con medios accesibles para llegar al centro de salud y que confíen en el servicio que las espera.
Si la barrera principal es perder un día de ingreso, conseguir transporte o anticipar un trato discriminatorio, mejorar el mensaje puede tener poco efecto. El diagnóstico causal debe reflejar esto.
Lo mismo ocurre con intervenciones en inclusión financiera, educación, protección social o participación ciudadana. Una solución puede cambiar información, incentivos o decisiones individuales, pero su resultado dependerá de lo que el sistema permita hacer después.
Esto conduce a una distinción fundamental: el mecanismo, el método y la intervención no son lo mismo.
Un mecanismo conductual puede ser relevante en distintos contextos. Un método de investigación puede trasladarse y adaptarse. Una hipótesis puede ponerse a prueba en varios países. Pero una intervención concreta combina todos esos elementos con un canal, una institución, una secuencia operativa y una población determinada.
Esa combinación debe validarse nuevamente.
Contextualizar no es “hacerlo más local”
Con frecuencia, contextualizar se entiende como modificar los elementos visibles de una solución: traducir materiales, cambiar imágenes, incorporar ejemplos reconocibles o ajustar el nombre de una institución.
Estas modificaciones pueden ser necesarias, pero no examinan la lógica de la intervención.
Una contextualización rigurosa busca distinguir al menos tres cosas:
Primero, si el comportamiento que queremos modificar responde a las mismas barreras, motivaciones y normas identificadas en el contexto original.
Segundo, si las instituciones y el personal encargado de implementar la solución cuentan con la capacidad, los incentivos y el margen de decisión necesarios para hacerlo.
Tercero, cómo responderán los demás actores del sistema cuando la intervención altere procesos, expectativas o relaciones existentes.
No se trata de añadir “sensibilidad cultural” a una solución terminada. Se trata de evaluar si nuestra explicación del problema continúa siendo válida.
La evidencia no pierde valor cuando reconocemos sus límites. Se vuelve más útil, porque podemos identificar qué parte del aprendizaje es transferible, qué condiciones debemos reconstruir y qué elementos requieren una solución distinta.
Lo que aprendimos al modelar un sistema en Guatemala
Nuestro trabajo sobre violencia basada en género en Guatemala ilustra por qué esta distinción importa.
En lugar de analizar una intervención de forma aislada, combinamos ciencias del comportamiento, investigación cualitativa y pensamiento sistémico para entender cómo víctimas y sobrevivientes navegaban los sistemas de salud y justicia.
El proceso involucró a más de 80 actores, desde autoridades hasta personal de primera línea. Posteriormente, construimos un modelo basado en agentes para explorar 29 escenarios de intervención que anticipan cómo distintas decisiones podían interactuar con el sistema.
El objetivo no era hacer que una solución conocida pareciera más guatemalteca. Era comprender cómo factores como la confidencialidad, la confianza, la coordinación institucional y las prácticas del personal podían modificar sus efectos.
El análisis mostró que algunas medidas generalmente reconocidas como buenas prácticas podían producir consecuencias inesperadas si se implementaban sin las condiciones adecuadas. Cambiar una parte del sistema podía modificar las decisiones de otros actores, crear nuevos riesgos o fortalecer ciclos que la intervención pretendía debilitar.
El contexto, entonces, no determinaba cómo implementar o intervenir, determinaba qué intervención tenía sentido implementar.
Ésta es una diferencia crucial para cualquier organización que busca escalar. Especialmente cuando nuestro objetivo es que una solución se integre de manera sostenible en un sistema y genere respuestas que se puedan anticipar con precisión. La presencia regional como infraestructura de aprendizaje
Trabajar desde el contexto no significa asumir que una persona de la región comprende automáticamente cada país, comunidad o institución. América Latina no es un contexto único. Sus países, y los territorios dentro de ellos, tienen trayectorias políticas, capacidades públicas, mercados, lenguas y formas de organización profundamente distintas.
La presencia regional ofrece algo diferente: infraestructura para aprender.
Permite construir relaciones que no comienzan y terminan con un solo proyecto. Facilita trabajar junto a investigadores, implementadores, autoridades y comunidades que conocen los sistemas desde posiciones distintas. Ayuda a acumular memoria institucional, comparar experiencias sin borrar sus diferencias y mantener el aprendizaje durante la implementación.
También permite conectar los conocimientos producidos en América Latina con experiencias de otros contextos de la mayoría global . Esa conexión no debería funcionar como una transferencia de soluciones en una sola dirección. Puede convertirse en un intercambio de métodos, preguntas y perspectivas entre regiones que suelen quedar fuera de los centros tradicionales de producción de conocimiento.
Una presencia regional no sustituye la investigación. La hace posible de una manera más continua, colaborativa y responsable.
Por qué Busara está en América Latina
Esta convicción fue la que llevó a Busara a establecer su presencia en América Latina y a construir un equipo que vive y trabaja en la región.
Hoy contamos con un equipo y un portafolio LATAM que colaboran con organizaciones regionales para investigar problemas, diseñar y probar soluciones, acompañar su implementación y medir sus resultados. También buscamos innovar en los métodos con los que entendemos el comportamiento dentro de sistemas complejos.
Nuestra presencia no busca convertir la experiencia acumulada por Busara en África y Asia en un catálogo de respuestas para América Latina. Busca conectar ese conocimiento con las capacidades, relaciones y perspectivas de la región para producir algo nuevo.
No se trata únicamente de aplicar ciencias del comportamiento en América Latina. Se trata de desarrollar ciencias del comportamiento desde América Latina.
Esto importa para nuestros socios, porque mejora las decisiones sobre qué probar, qué financiar y qué escalar. Pero también importa para el campo: la región no es solamente un destino para ideas creadas en otros lugares. Esuna fuente de evidencia, métodos y nuevas formas de comprender el comportamiento.
Contextualizar no es el costo adicional de llevar una solución a escala. Es una condición para escalar responsablemente.
El reto no consiste en lograr que una solución importada parezca local. Consiste en determinar, con evidencia, qué puede viajar, qué debe cambiar y qué sólo puede descubrirse estando aquí.
Por José Emiliano Díaz del Valle, Engagement Director para América Latina en Busara